Hace un tiempo se armó la gorda por un post sobre estilo que escribí. El mensaje en cuestión era que las bailarinas mejor sin calcetines. Que si hace frío, se arrean unas botas, pero que bailarinas con calcetines no. Y menos de esos transparentes de abuela. Ya saben, tonterías que se le ocurren a una.
El caso es que muchos se lo tomaron muy a pecho y hubo alguna señalando que ya quisiera ella verme trabajando en la calle, y no en mi casa con calefacción central. La cosa tiene guasa, y más cuando vivo en mitad del campo y la chimenea lleva tres meses sin funcionar. Paxarito se ha convertido en un mozo resistente y cuando vamos a Valencia suda como un pequeño pollo. Pobrecico mío, acostumbrado como está al frío de este pueblo.
Pero lo entiendo. Desde el muro de las redes sociales, a veces puede parecer que vivimos una vida de vino y rosas, y en según qué días, habrá gente a quien le siente como una patada.
Como digo siempre, no es oro todo lo que reluce, pero... ¡qué quieren que les diga! no seré yo quien lo desmienta. Bastante tiene una con sus miserias como para hacerlas públicas. Y aquí se trata de beber martini, estrenar camisas de Isabel Marant y a veces -sólo a veces- lavar los platos con lavavajillas Bosque Verde. Vida regalada, oigan, ¡que nadie nos apague la música de esta fiesta!
Por eso no se me ocurre mejor forma que despedir el último viernes del año que con una de esas pistas de estilo que lancé con Andrea Amoretti hace cosa de un año: para salir a bailar y tomar copas como si no hubiera mañana. Porque los viernes hay que celebrarlos, ya sea con manta y sofá, bizcocho de limón o bailes en la cocina. Calzándose unos tacones y saliendo a darlo todo en algún bar de la esquina. ¡Todo vale! Y en cuestión de estilo, en Navidad hay que jugársela.
Han sido muchos los viernes de este 2013 y la mayoría me los he pasado trabajando hasta tarde, ¡y qué narices! esta vez me aplico el cuento que vendo siempre: la vida es una verbena. Así que esta noche me quito los calcetines. No teman por paxarete que no correrá el tequila, pero sí la música altísima y unos buenos bailes. Y ustedes hagan lo mismo, que después de tanta gaita nos lo merecemos.
¡Feliz último viernes del año!





















